12 meses, 12 gracias. Marzo: A las personas que curan-cuidan

Estamos en plena semana santa y mientras la gente está disfrutando de estos días para escaparse a la playa o la montaña, yo estoy aquí en casa en pleno reposo postoperatorio.

Esta entrada es la que más me está costando escribir, pero de las más agradecidas de cuerpo y alma. Cuando el cuerpo no está al 100%, resulta difícil sacar energía para cualquier actividad, incluso la de escribir. El cuerpo pide descanso, pausa y relax. La mente también.

Pero ahora que estoy con menos dolor, me siento con la obligación de sentarme a escribir. Dar un GRACIAS enorme a las personas que se dedican a cuidar. Pero en especial a todas las enfermeras y enfermeros que me he cruzado por el camino alguna vez en mi vida.

Enfermeros y enfermeras que curan pero que sobretodo cuidan de las personas. Ya lo decía mi queridísimo Carles Capdevila, presidente del club de fans de las enfermeras “Que cuidar es mucho más que curar”. A todos ellos ¡Gracias!

Ser enfermera es de las profesiones que más valoro y admiro. Hacen una labor tan grande, tan necesaria y creo que tan poco valorada por la sociedad en general. Yo les observo cuando trabajan. Disfruto viendo ese despliegue de minuciosidad en el uso del material y las medicinas. Esa dedicación que irradian y ese trato tan personal que nos regalan la mayoría de veces. Esa preocupación por tener la solución a que te sientas bien es la mejor de las medicinas.  Son la salvación en los momentos que necesitas más alivio. ¡Benditas ellas y ellos! Porque cada vez veo más enfermeros.

Siempre recordaré la enfermera que me cuidó cuando a los 16 años me hicieron una intervención muy larga y dolorosa. Una reconstrucción máxilofacial que duró más de 7 horas. Recuerdo que esa noche estaba muy sedada. Lo recuerdo todo borroso. Me sentía ida y asustada. Solo tenía consuelo con el trato delicado y silencioso de la enfermera que me cuidó aquella madrugada. Aquella enfermera que no se movió de mi lado. Recuerdo sus ojos atentos tras la mascarilla. Era una chica joven, delgada y delicada. No le pude dar las gracias, pero creo que mi madre lo hizo por mí.

Ahora he pasado por otra operación, más leve pero con un postoperatorio delicado. Estos días en estado casi de reposo, mis únicas salidas son al ambulatorio para realizarme unas curas.

Podría ser un auténtico engorro ir cada día a que te curen.  Un auténtico fastidio, porque las curas que me hacen son dolorosas. Pero me siento tan bien atendida y tan bien cuidada. Que es de las cosas que mejor me hacen sentir estos días, un verdadero alivio.

Me conozco a casi todas las enfermeras de mi ambulatorio. La Carme, la Susanna, la Eva, el Marc, la Meritxell… Creo que me han atendido todos, en urgencias o con visita programada. Cada día más pacientes con menos horas (malditos recortes). Pero ellas me atienden sin prisas, con sonrisas o con una mano sobre el hombro. Siempre atentas.

Te miran a los ojos y te preguntan como estás. Me curan y me cuidan. Siempre se despiden con un si necesitas algo, vuelve y yo me voy con un gracias que me sabe a poco.

Así que mi gracias de marzo es al personal de enfermería del Cap Vinyets, ¡¡¡mil gracias!!!

P.D: Tengo que añadir un agradecimiento más.  A mi enfermero favorito que tengo las 24 horas en casa. Enfermero no de profesión, pero que me está atendiendo de corazón.  Me cuida, me cura y me mima para que me sienta bien. Que está a mi lado sin que se lo pida, con paciencia y con tanta delicadeza. Gracias por estar en las malas, que en las buenas siempre tenemos tiempo de encontrarnos. ¡Gracias infinitas!

 

 

 

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